Las
cicatrices son como mapas secretos de nuestro cuerpo, detrás de cada una de
ellas se encierra una historia, algo que hemos vivido y que hemos superado.
No
tenemos que lamentarnos por las heridas, tenemos que celebrarlas, hemos luchado
y hemos salido vivos.
La vida es una lucha constante. Unas
veces se gana y otras no, pero el caso es que siempre se aprende, de todas las
heridas (físicas y emocionales) se aprende, y eso es lo importante.
Hay
lecciones que solo aprendemos a base de golpes, la vida es tan buena maestra
que si no aprendes una lección… ella te la repite hasta que aprendas.
Tanto el
dolor físico como el dolor emocional deja cicatrices, unas son visibles a simple vista y otras son imperceptibles,
pero están ahí.
Las
heridas se curan con el tiempo, cicatrizan, pero lo cierto es que si pones el
dedo en la herida… sigue doliendo por poco que sea, y por mucho que pase el
tiempo hay dolores que no se van del todo. A veces queda el dolor del miembro
fantasma, aunque se haya ido… sigue doliendo.
El dolor
es bueno, significa que tienes algo que perder, significa que estás vivo.
El dolor…
Solo tienes que aguantarlo y esperar a que pase…
Con el
tiempo te acostumbras a los cambios y las cosas van dejando de doler… pero
siempre te quedará la cicatriz, para recordarte que eso fue real, que lo
viviste y lo superaste.
“De Harry
Potter aprendí que quien te deja cicatrices no debe ser nombrado”
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