La piel es el mayor órgano del cuerpo humano, el que más se ve y el que más varía de unas personas a otras.
En un cuerpo adulto hay aproximadamente 2 metros cuadrados de piel, con un peso de unos 5kg.
La piel al nacer es como un lienzo en blanco que se va pintando con los años.
A veces tenemos lunares, pecas, marcas de nacimiento... nacemos con ello y lo tendremos durante toda la vida.
Otras veces nos hacemos heridas a lo largo de la vida, algunas se curan y otras dejan cicatrices.
En algunas ocasiones tenemos cicatrices hechas a posta, es decir, cicatrices quirúrgicas, que por muy bien hechas que estén... te queda la marca para siempre. Y en realidad no es algo malo, no hay que avergonzarse, las cicatrices son como mapas secretos de nuestro cuerpo, nos cuentan por lo que hemos pasado y lo que hemos superado. Tener un hijo, arreglarte un hueso roto, superar un accidente o una enfermedad,,, son cosas buenas y hay que estar feliz y orgulloso de haberlo superado.
Las cicatrices estarán con nosotros siempre, forman parte de nuestro pasado y de nuestro futuro, así que... debemos aceptarlas.
Hay otro tipo de marcas que nosotros elegimos, elegimos cómo, dónde y de qué tamaño, esas marcas son los tatuajes. Quizá no le guste a todo el mundo, pero es tu piel y si te gusta, es algo precioso, tú decides cómo pintar tu lienzo.
Cada cuerpo es único, con sus lunares, cicatrices o tatuajes. Hay pieles blancas, bronceadas, amarillas, negras... dependiendo de la melanina que tenga, pero solo es piel, solo es un órgano más, aunque sea visible a simple vista.
No hay que juzgar a las personas por ese órgano, por el color de la piel, por los tatuajes, o por las cicatrices. Todos somos personas y la piel no nos hace mejores ni peores personas, en cambio nuestra forma de ser y de actuar, es lo que determina cómo somos en realidad.